Río Cuarto fue escenario de una despedida que confundió el luto con una after ilegal: una moto incendiada, balazos al cielo y un ritual más pensado para Instagram que para el silencio
Así despidieron amigos a un joven de 16 años que murió tras chocar con una motocicleta KTM Duke 250cc, minutos después de que el rodado fuera robado en barrio Abilene. Pero lejos de flores, rezos o recogimiento, el homenaje eligió otro formato: gasolina, fuego y munición, como si el duelo viniera con playlist incluida.
El episodio ocurrió en un descampado del barrio 400 Viviendas, donde los amigos del fallecido sacaron una motocicleta de alta cilindrada —como quien prepara el asado— y le prendieron fuego a modo de “ceremonia”. Todo, por supuesto, filmado desde varios ángulos, porque hoy el dolor sin Wi-Fi no cuenta.
Las imágenes, subidas por los propios protagonistas, muestran una escena digna de un reality marginal: la moto ardiendo, disparos al aire como fuegos artificiales de barrio y celulares registrando cada segundo, no sea cosa que el ritual no alcance los likes necesarios.
La despedida dejó en claro que, para algunos, el duelo ya no se guarda en el pecho sino en la nube. Menos silencio, más pólvora; menos reflexión, más stories. Un homenaje donde el protagonista terminó siendo el fuego, el ruido y el video viral, mientras el sentido común —ese sí— brilló por su ausencia.
