El Concejo Deliberante aprobó en primera lectura el nuevo pliego de Higiene Urbana con un respaldo político poco común. Sin embargo, entre tanto consenso apareció un voto negativo: el del concejal Pablo Benítez, quien dejó más preguntas que certezas sobre su interpretación del “servicio de limpieza”.
En una sesión donde el oficialismo y buena parte de la oposición sorprendieron al coincidir, el Concejo Deliberante dio primera aprobación al pliego de Higiene Urbana, un documento que define la futura licitación del servicio y que, según todo indica, promete modernizar cómo la ciudad gestiona su basura.
El proyecto contó con el apoyo de los concejales Franco Miranda, Leticia Paulizzi, Marisa Cariddi y Guillermo Natali, del bloque La Fuerza del Imperio del Sur, además de Gabriel Abrile y Ana Laura Vasquetto, de Primero Río Cuarto. Una escena digna de foto institucional: políticos que normalmente no se ponen de acuerdo ni sobre el clima, esta vez diciendo “sí” al mismo tiempo.
Pero no todo fue armonía. En el extremo opuesto de la sala, con la firmeza de quien defiende una convicción o perdió la hoja donde había anotado las razones, el concejal Pablo Benítez decidió votar en contra. Sí, en contra del pliego que regula la manera en que se recoge, transporta y gestiona la basura en la ciudad. Un voto que, sin duda, abre interrogantes:
¿No le gusta el pliego? ¿No le gusta la basura? ¿O simplemente no le gusta que lo limpien?
Benítez no estuvo solo en la disidencia parlamentaria: Mario Lamberghini del Partido Libertario también votó en contra, mientras que Antonella Nalli optó por abstenerse, probablemente para no quedar pegada ni al “sí” ni al “no” y mantener su alfombra impecable.
El oficialismo celebró la aprobación inicial, destacando que ahora comienza la cuenta regresiva hacia la segunda lectura —esa instancia donde todo puede cambiar o, más probablemente, donde Benítez vuelva a recordarnos que no está para aplaudir cualquier basurero que pase por la puerta.
Mientras tanto, el proyecto sigue adelante. La ciudad, agradecida. Y los vecinos, expectantes.
Porque si hay algo que todos queremos, incluso quienes votan en contra, es una ciudad limpia.
Aunque algunos parezcan preferir barrer… pero para adentro.
